04/02/2026
En temporada, la berenjena es económica, liviana y mucho más fácil de cocinar de lo que parece. Con pocas calorías y mil usos posibles, se vuelve aliada ideal para platos frescos, picadas y mesas de verano. Un repaso por sus virtudes y preparaciones que nunca fallan.
La berenjena es mayormente agua, lo que la vuelve fresca y fácil de digerir. Tiene un aporte calórico bajísimo y prácticamente nada de grasa, lo que explica por qué suele aparecer en menús livianos o en versiones sin harina. Además, suma fibra y minerales que la hacen interesante para incorporar con más frecuencia.
Su piel morada no es solo estética: ese color intenso es señal de antioxidantes naturales. A eso se le suma su perfil digestivo y su capacidad para acompañar dietas bajas en calorías sin resignar sabor. En verano, cuando el cuerpo pide platos más livianos, juega claramente a favor.
Gran parte del rechazo que genera tiene más que ver con la técnica que con el ingrediente. Mal cocida, puede absorber grasa de más o quedar amarga. Bien trabajada, en cambio, resulta suave, sabrosa y súper adaptable.
El primer paso clave es tratarla con sal cuando se la corta en rodajas: ese descanso ayuda a quitar el amargor y mejora la textura. Después, todo depende de la cocción elegida. Asada, grillada o bien dorada, la berenjena muestra su mejor versión.
Es una de las preparaciones más populares y también una de las más nobles. Sola o en versión napolitana, la milanesa de berenjena funciona como plato principal o acompañamiento.
El secreto está en salar las rodajas, dejarlas reposar y luego enjuagarlas antes de cocinarlas. Ese paso simple hace toda la diferencia. El resultado es una textura firme, sin exceso de humedad, lista para pasar por la sartén o el horno.

Esta pasta de berenjena, también conocida como mutabal, demuestra hasta dónde puede llegar este vegetal con una buena cocción. Todo el carácter del plato está en cómo se cocina la berenjena antes de procesarla.
Es ideal para una picada, para untar en un sándwich o para acompañar carnes grilladas. Una cucharada alcanza para entender por qué esta receta cruzó fronteras y se volvió un clásico.

La ratatouille es un salteado de vegetales de origen francés que, llevado a una tarta, se convierte en una opción fresca y rendidora. Berenjena, tomate, zucchini, pimiento rojo y cebolla se combinan en un relleno que funciona tanto caliente como frío.
Es una de esas preparaciones que resuelven un almuerzo liviano o una cena sin vueltas, especialmente acompañada por una ensalada simple.

Una vez cocida, la berenjena desarrolla una textura ideal para rellenos cremosos. En formato croqueta, se combina con queso y logra un contraste irresistible entre exterior dorado e interior suave.
Son prácticas, rendidoras y funcionan igual de bien calientes o tibias. Una receta casera que suma puntos en cualquier mesa.

Para quienes buscan alternativas más livianas, las pizzetas de berenjena son una gran solución. Usan rodajas del vegetal como base y no llevan harina, pero mantienen ese espíritu pizzero que tanto nos gusta.
Son fáciles de preparar, sabrosas y perfectas para una picada o una comida rápida sin culpas.

Grillada y rellena con ricota, la berenjena se transforma en un roll fresco y aromático. Es un plato liviano, ideal para mesas frías o entradas, con una presentación que siempre queda bien.
Un clásico que demuestra que no hace falta complicarse para comer rico.

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