06/02/2026
La papa es un clásico infalible, pero no siempre se cocina de la mejor manera. Un método simple, que suma un paso clave después de la cocción, permite conservar mejor sus nutrientes y mejorar la digestión. Ideal para quienes aman la gastronomía porteña y buscan comer rico y mejor.
Por qué no todas las cocciones son iguales
Aunque la papa sea versátil, algunos métodos de cocción no favorecen el aprovechamiento de sus propiedades. El exceso de calor, ciertas grasas o procesos rápidos pueden afectar la digestión y hacer que se pierdan nutrientes clave.
Eso no significa dejar de disfrutarla, sino entender que pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia. Y ahí aparece este método poco difundido que, sin resignar sabor, mejora notablemente su impacto en el organismo.
El truco clave: cocinar y enfriar
La técnica es tan sencilla como efectiva. Primero, se cocinan las papas de manera tradicional: hervidas, al horno o al vapor. Hasta ahí, nada nuevo. El verdadero cambio viene después.
Una vez cocidas, las papas deben llevarse a la heladera y reposar durante al menos 24 horas. Ese paso extra genera una transformación interna: parte del almidón se convierte en lo que se conoce como almidón resistente.
Este tipo especial de carbohidrato no se digiere de la misma manera que el almidón común, y ahí está la clave de sus beneficios.

Qué es el almidón resistente y por qué importa
Según explicó la nutricionista Samia Rhalem, del Medi-Spa del Royal Mansour Tamuda Bay, hervir la papa libera parte de su almidón. Cuando el alimento se enfría, ese almidón aumenta y cambia su comportamiento en el cuerpo.
En lugar de digerirse en el intestino delgado, el almidón resistente llega al intestino grueso. Allí actúa como prebiótico, alimentando bacterias beneficiosas y ayudando a mantener el equilibrio de la microbiota intestinal.
Este proceso favorece una digestión más eficiente y contribuye al bienestar general, sin alterar el sabor característico de la papa.

Beneficios digestivos y metabólicos
El impacto no se limita solo a la digestión. Al llegar al intestino grueso, el almidón resistente estimula la producción de ácidos grasos de cadena corta, como el butirato, reconocido por su efecto antiinflamatorio.
Este mecanismo ayuda a regular el metabolismo, contribuye al equilibrio intestinal y se asocia a un mejor control de los niveles de azúcar en sangre. Todo esto, a partir de un alimento cotidiano y sin necesidad de sumar ingredientes extra.
Además, este método permite conservar mejor los nutrientes naturales de la papa y la convierte en una aliada para fortalecer el sistema inmunológico.

Sabor intacto, beneficios multiplicados
Una de las grandes ventajas de esta técnica es que no sacrifica el gusto. La papa sigue siendo papa: suave, versátil y adaptable a distintas preparaciones. Puede recalentarse, incorporarse a ensaladas tibias o usarse como base de otros platos.
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