11/02/2026
En la cocina porteña empiezan a aparecer postres que no solo buscan sabor. La gelatina de flor de jamaica con grenetina se volvió una de esas preparaciones simples, frescas y accesibles que combinan placer y bienestar, ideal para quienes disfrutan la gastronomía cotidiana con un plus funcional.
No todo lo que suma al cuidado personal viene en envases caros o rutinas complicadas. En muchos casos, la respuesta está mucho más cerca: en la cocina. Y en Buenos Aires, donde la gastronomía porteña siempre mezcla tradición y practicidad, algunos clásicos vuelven a escena con una nueva lectura.
La gelatina de flor de jamaica con grenetina es uno de esos ejemplos. Un postre de preparación sencilla que empezó a llamar la atención no solo por su sabor fresco y liviano, sino por lo que aporta desde adentro. En un contexto donde la comida ya no se piensa solo como disfrute, esta receta aparece como un pequeño gesto cotidiano de bienestar.
El secreto de esta gelatina está en la combinación de sus dos ingredientes principales. Por un lado, la flor de jamaica, conocida por su intenso color rojo y su perfil antioxidante. Por otro, la grenetina sin sabor, una fuente natural de colágeno que suma textura y cuerpo a la preparación.
Juntas, forman una mezcla simple pero efectiva. La jamaica aporta compuestos que ayudan a combatir el estrés oxidativo, mientras que la grenetina suma aminoácidos que fortalecen la estructura del cabello desde la raíz. Nada raro, nada sofisticado: ingredientes accesibles, usados de forma casera y sin vueltas.

El resultado es una gelatina de tono profundo, sabor suave y refrescante, baja en calorías y fácil de incorporar a la rutina. No es un suplemento ni una promesa exagerada: es un postre que se disfruta como tal, pero que también suma nutrientes.
En la vida cotidiana porteña -marcada por el calor, las comidas livianas y los antojos frescos- esta preparación encaja perfecto. Funciona como cierre de almuerzo, merienda distinta o incluso como ese gustito dulce después de un día largo, sin sentirse pesada.

La preparación no tiene misterio y eso también explica su popularidad. Solo se necesitan flores secas de jamaica, agua, azúcar mascabado, grenetina sin sabor y algo de paciencia para el frío.
El proceso es simple: hervir la jamaica, colar la infusión, endulzarla, sumar la grenetina previamente hidratada y llevar todo a la heladera durante unas cuatro horas. Unas gotas de limón terminan de redondear el sabor y ayudan a potenciar la absorción del colágeno.
Esa simpleza la vuelve ideal para quienes disfrutan cocinar, pero no quieren pasar horas en la cocina.
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