16/01/2026

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Vodka con jugo, pero bien hecho: el trago simple que se volvió un ritual porteño

El vodka con jugo es uno de esos tragos que parecen fáciles, pero tienen su ciencia. Con pocos ingredientes y una técnica simple, se puede lograr una versión equilibrada, fresca y elegante. En la gastronomía porteña, los detalles marcan la diferencia, incluso en los clásicos.

Un trago simple que nunca falla
En cualquier reunión, previa o comida relajada, el vodka con jugo aparece como una opción segura. No tiene vueltas raras ni pasos complicados, pero eso no significa que dé lo mismo cómo se prepare. Al contrario: cuando se hace bien, este trago clásico puede competir tranquilamente con propuestas más elaboradas que se sirven en restaurantes en Buenos Aires.

En 2026, la tendencia es clara: menos artificio y más foco en la calidad. Ingredientes frescos, buena temperatura y proporciones equilibradas son la base para que un vodka con jugo deje de ser "uno más" y se convierta en un trago bien armado, de esos que se disfrutan de verdad.

El vaso frío, el primer paso clave
Todo arranca antes de servir. El vaso importa, y mucho. Lo ideal es usar un vaso alto, tipo highball, y llenarlo completamente de hielo. No es solo una cuestión estética: el hielo ayuda a enfriar el cristal y a mantener la bebida en temperatura sin diluirla de más.

Usar hielos grandes y sólidos marca una diferencia clara. Se derriten más lento y permiten que el vodka con jugo mantenga su sabor desde el primer sorbo hasta el último. Un detalle simple que también se cuida en la gastronomía porteña cuando se piensa el trago como parte de la experiencia.

La proporción justa: ni fuerte ni aguado
Uno de los errores más comunes es desbalancear el trago. La clave está en la proporción. Para un resultado armónico, se recomienda usar 2 onzas (unos 60 ml) de vodka. No más, no menos.

A partir de ahí, entra en juego el jugo. La regla de oro es clara: una parte de vodka por dos o tres partes de jugo. Esa relación permite que el alcohol esté presente sin tapar el sabor principal, que en este trago es la fruta. Un equilibrio que se busca tanto en casa como en barras y restaurantes en Buenos Aires.

El jugo manda (y tiene que ser bueno)
Si hay un protagonista indiscutido en este trago, es el jugo. Tiene que ser recién exprimido y bien frío. No es un capricho: el sabor, la textura y la frescura cambian por completo.

En el caso del clásico con naranja -el conocido Screwdriver o Destornillador-, colar el jugo ayuda a lograr una textura más limpia y elegante. Si la elección es jugo de arándano, conviene optar por versiones sin azúcar agregada, para que el dulzor sea natural y no empalagoso.

Este cuidado por el producto conecta directamente con una tendencia fuerte en la gastronomía porteña: dejar que los ingredientes hablen por sí solos, sin exceso de agregados.

Mezclar sin agitar: un gesto que suma
Una vez que el vodka y el jugo están en el vaso, llega otro punto clave: la mezcla. Acá no se agita. Nada de coctelera ni movimientos bruscos.

La técnica correcta es remover suavemente con una cuchara larga, de abajo hacia arriba. Esto permite integrar el vodka y el jugo sin romper el hielo ni perder frío. Es un gesto simple, pero cambia el resultado final y le da al trago un perfil más prolijo y profesional.

El garnish: pequeño detalle, gran diferencia
El toque final es visual y aromático. Una rodaja de fruta fresca -naranja, lima o frutos rojos, según el jugo elegido- suma aroma al primer sorbo y completa la experiencia.

No se trata solo de decorar: el aroma cítrico o frutal prepara el paladar antes de probar el trago. Es un recurso muy usado en bares y restaurantes en Buenos Aires, donde incluso los tragos más simples se piensan como parte del ritual gastronómico.

Los tips que marcan tendencia en 2026
Aunque el vodka con jugo es un clásico, hay pequeños ajustes que se están viendo cada vez más. Algunos bartenders suman un chorrito de agua con gas al final, apenas, para darle ligereza y una sensación más fresca.

Otro recurso es agregar una pizca mínima de sal. Lejos de salar el trago, este gesto ayuda a resaltar el dulzor natural del jugo y a equilibrar sabores. Son detalles sutiles, pero muy efectivos, que muestran cómo incluso lo más simple puede evolucionar.

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