28/02/2026
Crujiente, cremosa y con ese toque agridulce que divide opiniones, la suprema Maryland es un ícono de los bodegones porteños. Un chef reveló cómo prepararla en casa, desde el marinado hasta el gratinado final, para lograr un plato equilibrado y bien argentino.
Hablar de milanesa en la gastronomía porteña es hablar de identidad. Y si hay una versión que representa como pocas el espíritu de los bodegones y de muchos restaurantes en Buenos Aires, es la suprema Maryland.
Con su combinación de pollo crocante, crema de choclo, panceta, banana frita y papas pay, este plato logra un equilibrio entre lo salado y lo dulce que genera debate... pero también fanáticos incondicionales.
Aunque parezca una receta compleja, un reconocido chef de Del Río Cantina compartió el paso a paso para replicarla en casa con atención a los detalles.
Todo comienza con las pechugas de pollo. Para esta receta se utilizan 2 kilos, que rinden 14 unidades.
El primer secreto está en filetearlas correctamente y sumergirlas en una mezcla de huevos, leche entera, sal, pimienta, mostaza, ajo y perejil. Esta "huevada" funciona como marinada y aporta sabor y jugosidad.
El pollo debe descansar al menos dos horas en esta preparación para absorber bien los condimentos.
Luego viene el rebozado. Las supremas se pasan por una mezcla de pan rallado y rebozador. Si se pueden dejar en frío durante unas diez horas antes de freír, el resultado será aún mejor, ya que el empanado se afirmará y quedará más crujiente.
Finalmente, se fríen hasta lograr ese dorado irresistible que caracteriza a toda buena milanesa.

Una auténtica suprema Maryland no estaría completa sin una salsa blanca bien lograda.
Para prepararla, se derrite manteca en una cacerola pequeña, se incorpora harina y se cocina brevemente. Luego se agrega leche fría de a poco, revolviendo sin parar para evitar grumos.
El toque final lo dan la sal, la pimienta y la nuez moscada. La cocción continúa hasta alcanzar una textura cremosa y aterciopelada, sin que quede demasiado espesa.
La crema de choclo es uno de los componentes que más personalidad le da a este clásico.
Se elabora combinando choclo amarillo, cebolla caramelizada y parte de la salsa blanca ya preparada. El resultado es una mezcla suave, ligeramente dulce y con cuerpo.
Es importante reservarla hasta el momento de montar el plato, ya que se utilizará para cubrir la suprema antes del gratinado.
La cebolla caramelizada se prepara cocinando cebolla a fuego bajo con un poco de aceite y azúcar, revolviendo hasta que tome color y desarrolle su dulzor característico.
Por otro lado, la banana frita aporta ese contraste que divide aguas. Para hacerla, se pela, se pasa por huevo y luego por la misma mezcla de pan rallado y rebozador. Después se fríe hasta dorar.
Este elemento es clave en la identidad del plato y marca la diferencia con una milanesa tradicional.

Una vez frita la suprema, llega el momento de ensamblar todo.
Se cubre el pollo con la crema de choclo y se lleva a gratinar para que la superficie tome temperatura y se integre con el empanado.
Luego se suman morrones asados y panceta apenas pasada por la plancha, vuelta y vuelta.
Por encima se coloca la banana frita, se agregan arvejas y se acompaña con una generosa porción de papas pay.
El resultado es un plato abundante, sabroso y visualmente potente.
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