17/09/2026
Harina, agua, materia grasa, sal y bicarbonato forman la masa de este pan plano tradicional. Se cocina en pocos minutos sobre una sartén caliente y puede rellenarse con quesos, fiambres, carnes o vegetales para resolver un almuerzo o una cena sin encender el horno.
La piadina italiana es un pan fino, tierno y flexible que se cocina directamente sobre una plancha o sartén. Su receta utiliza pocos ingredientes y no necesita un levado prolongado, por lo que puede prepararse en casa en menos tiempo que otros panes.
Una vez cocida, se sirve caliente y doblada alrededor del relleno elegido. Esa versatilidad permite combinarla con ingredientes disponibles en la heladera y convertirla en una comida completa, una entrada para compartir o una alternativa para una picada.
La piadina, también denominada piada, es una especialidad tradicional de Romaña, territorio perteneciente a la región italiana de Emilia-Romaña. Durante generaciones formó parte de la alimentación cotidiana de las familias rurales y posteriormente se convirtió en una de las comidas callejeras más representativas de la zona. La Piadina Romagnola cuenta con Indicación Geográfica Protegida dentro de la Unión Europea, cuya especificación la define como un producto obtenido mediante la cocción sobre una superficie plana de una masa elaborada con harina, agua, grasa y sal, según consta en el registro oficial europeo. A diferencia del pan convencional, no necesita horno y queda lo suficientemente flexible como para doblarse sin romperse.

Para obtener cinco o seis unidades se necesitan 300 gramos de harina de trigo, 150 mililitros de agua, 50 gramos de grasa de cerdo o manteca, una cucharadita de sal, media cucharadita de bicarbonato de sodio y harina adicional para estirar. La grasa de cerdo aporta un resultado más cercano a la receta tradicional, mientras que la manteca funciona como una alternativa sencilla para la preparación casera. También puede ser necesario agregar una pequeña cantidad adicional de agua si la harina absorbe más líquido, aunque debe incorporarse gradualmente para evitar una masa pegajosa. No hace falta utilizar levadura: el bicarbonato contribuye a que la textura quede más tierna sin generar un crecimiento pronunciado.
El procedimiento puede organizarse en diez etapas:
1) colocar la harina, la sal y el bicarbonato en un recipiente
2) agregar la grasa o la manteca blanda
3) trabajar con las manos hasta distribuirla en la harina
4) incorporar el agua poco a poco mientras se mezcla
5) amasar durante varios minutos hasta conseguir una masa lisa
6) formar un bollo, cubrirlo y dejarlo reposar entre 20 y 30 minutos
7) dividirlo en cinco o seis porciones iguales
8) estirar cada pieza sobre una superficie enharinada hasta formar discos de dos o tres milímetros de espesor
9) cocinar cada disco en una sartén caliente, sin aceite, durante uno o dos minutos por lado
10) retirar, rellenar inmediatamente, doblar por la mitad y servir caliente.
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La sartén debe calentarse a fuego medio-alto antes de incorporar el primer disco, pero no tiene que humear porque la superficie podría quemarse antes de que el centro termine de cocinarse. Cuando aparezcan burbujas, se puede pinchar suavemente la masa con un tenedor para mantener un grosor parejo. El momento de girarla llega cuando la base presenta pequeñas manchas doradas y se despega con facilidad. Una cocción excesiva puede dejarla seca y quebradiza, mientras que una temperatura demasiado baja prolongará el proceso y endurecerá la masa. A medida que salen de la sartén, conviene apilarlas bajo un repasador limpio: el vapor residual ayuda a conservar la humedad y permite que continúen flexibles hasta el momento del armado.

Una combinación tradicional lleva queso blando, jamón crudo y rúcula, aunque las posibilidades son mucho más amplias. También puede rellenarse con jamón cocido y queso; mozzarella, tomate y albahaca; pollo desmenuzado con vegetales; berenjenas y zucchinis grillados; carne cortada en tiras; o queso crema con hojas verdes. Los ingredientes que necesitan derretirse deben colocarse mientras la piadina todavía se encuentra en la sartén o inmediatamente después de retirarla. Si sobran unidades sin rellenar, pueden enfriarse por completo, separarse con papel y guardarse en un recipiente cerrado dentro de la heladera. Para recuperarlas, alcanza con calentarlas brevemente de ambos lados antes de agregar el relleno.
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