27/06/2025
En el mundo gourmet, cada detalle cuenta. Y si de ingredientes esenciales hablamos, el aceite de oliva es un clásico infaltable en la cocina porteña. Sin embargo, muchos cometen un error común: guardarlo cerca del horno o la hornalla, lo que acelera su deterioro. En esta nota, te contamos por qué este hábito puede ser perjudicial y cómo conservar este oro líquido de manera correcta para que mantenga todo su sabor y propiedades saludables.
El aceite de oliva es mucho más que un simple condimento: es una pieza clave en ensaladas, bruschettas, carnes, pastas y hasta postres. Su sabor intenso y su aporte saludable lo convirtieron en un aliado de los cocineros porteños y también en un souvenir gourmet elegido por turistas que recorren las tiendas especializadas de Palermo, Recoleta o San Telmo.
Pero como todo buen producto, el aceite de oliva necesita ciertos cuidados para conservar sus cualidades. Y ahí está el error: dejarlo a la mano en la cocina, cerca de fuentes de calor o luz directa, puede arruinarlo más rápido de lo que imaginás.
Aunque parezca práctico tener el aceite a mano sobre la mesada o cerca del horno, esto lo expone a tres enemigos silenciosos: la luz, el calor y el oxígeno. Estas condiciones aceleran el proceso de oxidación, deteriorando su aroma, sabor y beneficios nutricionales. El resultado: un aceite rancio, opaco y sin gracia.

Los especialistas coinciden: el mejor lugar para guardar el aceite de oliva es en una alacena cerrada, fresca y oscura, lejos de la cocina. Idealmente, debe estar en una zona con temperaturas que oscilen entre los 13° y los 21°C, lejos del horno, las hornallas y la ventana.
Además, el envase también importa. Lo ideal es optar por botellas de vidrio oscuro, recipientes de cerámica o acero inoxidable bien cerrados, que eviten el paso de la luz y el aire. Evitá los envases de plástico o vidrio transparente, especialmente si el producto va a estar expuesto.

Si tu aceite de oliva perdió su aroma fresco, tiene un sabor amargo metálico o una textura más espesa, es probable que haya empezado a oxidarse. En ese caso, lo mejor es descartarlo o, si todavía no huele mal, usarlo para cocinar (pero ya no para platos fríos o crudos, donde se notan más sus defectos).
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