18/11/2025
En plena avenida Corrientes, Güerrín no solo conquista con sus pizzas: también es furor por su pan dulce histórico, una receta que sigue intacta desde hace décadas. Con 1,2 kilos y una carga generosa de frutas, es uno de los más deseados por los fanáticos de la gastronomía porteña.
Hablar de Güerrín es hablar de Buenos Aires. La pizzería abre a las 11, pero antes de que levanten la persiana ya hay fila esperando. Con 94 años de historia, sigue siendo una parada obligada para quienes recorren Corrientes y quieren descubrir íconos verdaderos de la ciudad.
Pero entre hornos que nunca se apagan y el aroma a muzzarella, hay otro protagonista que cada fin de año gana lugar entre los más buscados: su pan dulce, una tradición que la casa mantiene desde hace más de siete décadas.
En su cuenta de Instagram lo definen en tres palabras: histórico, abundante y tradicional. Y no exageran.
El pan dulce respeta al detalle la receta original creada por los fundadores de la pizzería. Es un pan dulce cargado, rebosante de frutas abrillantadas y secas, hecho sin mezquinar ingredientes. Un producto que se convirtió en sello propio y que alimenta el ritual porteño de brindar con sidra y algo dulce que valga la pena.

Con un peso de 1,2 kilos, el pan dulce de Güerrín tiene un precio de $31.000. Más que un clásico navideño, es un guiño al pasado que sigue conquistando generaciones, ideal para quienes buscan sabores tradicionales en medio de tanta propuesta moderna de los restaurantes en Buenos Aires.
Güerrín nació en 1932, cuando Corrientes estaba cambiando su fisonomía y todavía mantenía su espíritu de barrio. Cuatro años antes del Obelisco y en un edificio que en su origen había sido un conventillo, la pizzería fue tomando forma mientras sus trabajadores vivían y cocinaban en el mismo lugar.
Los fundadores -los genoveses Arturo Malvezzi y Guido Grondona- eligieron Corrientes cuando aún era angosta, pero rebosante de teatros, cafés y vida nocturna. Con el ensanche de la avenida y la aparición del Obelisco, Güerrín quedó firme como parte del paisaje urbano porteño.
Hoy, más de 90 años después, sigue siendo un ícono: testigo del pulso inagotable de la ciudad, del paso del tiempo y de la identidad gastronómica que hace de Buenos Aires un lugar único.

El pan dulce de Güerrín no es solo un producto de temporada: es una postal. Un sabor que conserva la impronta de una Buenos Aires que se mantiene viva entre mesas apuradas, teatros encendidos y clásicos que no pasan de moda.
Para quienes aman explorar la gastronomía porteña y siempre están buscando dónde comer en Microcentro, este emblema navideño es una excusa perfecta para volver a la avenida que nunca duerme.
Un clásico que sigue escribiendo historia, bocado a bocado.
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