27/07/2026
Comprar huevos blancos o marrones suele generar dudas, especialmente porque durante años se creyó que unos eran más saludables, más sabrosos o de mejor calidad que otros. Sin embargo, el color de la cáscara no determina por sí solo el valor nutricional, la frescura ni el resultado al cocinar.
La principal diferencia entre los huevos blancos y marrones está relacionada con la genética de la gallina que los produce. Algunas razas ponen huevos de cáscara blanca y otras, huevos de cáscara marrón. Según el USDA, los niveles de nutrientes no presentan diferencias significativas por el color de la cáscara.
El color de la cáscara depende principalmente de la genética de la gallina. Algunas razas producen huevos blancos, otras marrones y también existen aves que ponen huevos de tonos azulados, verdosos o moteados.
Aunque suele decirse que las gallinas blancas ponen huevos blancos y las marrones ponen huevos marrones, no es una regla absoluta basada solo en el plumaje. La explicación más precisa está en la raza y en los pigmentos que se depositan sobre la cáscara durante la formación del huevo.
Por eso, el color externo no alcanza para saber si un huevo es más fresco, más rico o más nutritivo. Es apenas una característica visual.
En términos generales, no hay diferencias nutricionales relevantes atribuibles al color de la cáscara. Tanto los huevos blancos como los marrones pueden aportar proteínas, grasas, vitaminas y minerales.
Las posibles diferencias en la composición del huevo dependen de otros factores, como la alimentación de la gallina, el sistema de crianza, el tamaño del huevo, su frescura y si se trata de un producto enriquecido con algún nutriente específico.
El USDA también indica que no cuenta con datos científicos definitivos que demuestren una diferencia nutricional por el tipo de crianza de la gallina, aunque sí pueden existir productos con características particulares declaradas en el envase.

Para cocinar, no hace falta elegir entre huevos blancos o marrones por el color de la cáscara. Ambos pueden usarse de la misma manera en recetas dulces y saladas.
Sirven para preparar tortillas, huevos revueltos, huevos duros, fritos o poché. También funcionan en budines, bizcochuelos, panqueques, masas, flanes, tartas y otras preparaciones.
El resultado final depende mucho más de la frescura, el tamaño y la calidad del huevo que de su color. Un huevo fresco tendrá mejor textura, clara más firme y yema más consistente, sin importar si la cáscara es blanca o marrón.
En algunos comercios, los huevos marrones pueden costar más que los blancos. Eso no significa necesariamente que sean mejores o más nutritivos.
El precio puede variar por los costos de producción, la raza de las gallinas, el tamaño del huevo, la marca, el sistema de crianza, la disponibilidad y la demanda del mercado.
También puede influir la percepción del consumidor. Como muchas personas asocian los huevos marrones con productos más naturales o de campo, algunos comercios pueden ofrecerlos a un valor más alto. Pero esa diferencia de precio no garantiza, por sí sola, una mayor calidad.

Más que el color, conviene prestar atención a otros aspectos. La cáscara debe estar limpia, íntegra y sin grietas. Los huevos rotos o rajados tienen más riesgo de contaminación y deberían descartarse.
También es importante revisar la fecha indicada en el envase, el tamaño, el origen, las condiciones de conservación y que provengan de comercios habilitados.
El USDA explica que la calidad de los huevos se evalúa por la apariencia y condición de la cáscara, además de la calidad interna de la yema y la clara. Es decir, el color no es el criterio central para determinar si un huevo es bueno.
Una vez comprados, los huevos deben conservarse correctamente para mantener su frescura. Lo más recomendable es guardarlos en la heladera, dentro de su envase original y en un estante interior, no en la puerta.
El envase ayuda a protegerlos de golpes, reduce la absorción de olores de otros alimentos y permite conservar la fecha de vencimiento a la vista. Además, mantenerlos en una zona de temperatura estable ayuda a cuidar mejor su calidad.
Antes de usarlos, conviene revisar que no tengan olor extraño ni aspecto anormal al abrirlos. Si un huevo presenta señales dudosas, lo más seguro es descartarlo.

La mejor elección no depende del color de la cáscara, sino de la frescura, el precio, el tamaño, la calidad y el uso que se les quiera dar.
Si los huevos blancos están frescos, tienen buen precio y vienen de un comercio confiable, son tan útiles para cocinar como los marrones. Si los marrones cumplen las mismas condiciones y se prefieren por costumbre o disponibilidad, también son una buena opción.
En definitiva, comprar huevos blancos o marrones no cambia de manera significativa el valor nutricional ni el resultado de una receta. Lo importante es elegir huevos frescos, bien conservados y con la cáscara en buen estado.
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