El paso previo que define todo
En el universo foodie, donde abundan opciones de restaurantes en Buenos Aires y planes para descubrir dónde comer en Palermo o cualquier barrio, el asado sigue siendo un clásico indiscutido.
Pero antes de que la carne toque la parrilla, hay un paso que puede marcar la diferencia: la descongelación. Aunque muchos lo hacen casi de forma automática, no todos eligen el método correcto.
Y acá es donde la ciencia mete la cuchara.
Descongelar en la mesada: rápido, pero riesgoso
Dejar la carne sobre la mesada para que se descongele más rápido es una práctica muy extendida. Parece lógica: acelera el proceso y ahorra tiempo.
Sin embargo, ese método expone la carne a temperaturas que pueden volverse peligrosas. Existe lo que se conoce como "zona de peligro", un rango entre los 4 °C y los 60 °C donde las bacterias se multiplican con facilidad.
En ese contexto, microorganismos como Salmonella o Escherichia coli pueden crecer rápidamente, incluso si después la carne se cocina.
El problema no es solo el tiempo, sino cómo ese tiempo impacta en la seguridad del alimento.

foto: Revista Gerente
La heladera: el método más seguro (y recomendado)
Frente a este escenario, la opción más segura es clara: descongelar la carne dentro de la heladera.
El frío constante evita que las bacterias se reproduzcan a gran velocidad, manteniendo el alimento en condiciones más seguras hasta el momento de la cocción.
Además, este método no solo cuida la salud, sino que también ayuda a preservar mejor la textura y calidad de la carne, algo que cualquier amante de la gastronomía porteña sabe valorar.
Puede ser más lento, sí, pero el resultado lo justifica.
Lo que dicen los expertos
Las recomendaciones no son solo una cuestión de sentido común. Distintos estudios en microbiología alimentaria demostraron que, en condiciones favorables, las bacterias pueden duplicarse cada 20 minutos.
Esto significa que dejar carne varias horas fuera de la heladera puede convertirla en un foco de microorganismos, incluso si a simple vista parece estar en buen estado.
Organismos internacionales también coinciden en este punto: los alimentos perecederos no deberían permanecer más de dos horas a temperatura ambiente.
El objetivo es evitar que la superficie de la carne se caliente mientras el interior sigue congelado, una combinación ideal para el desarrollo bacteriano.
foto: Tio Grill
Alternativas para cuando no tenés tiempo
Si bien la heladera es el método ideal, hay situaciones donde el tiempo juega en contra. En esos casos, existen otras opciones seguras.
Una de ellas es el uso de agua fría. La carne se coloca en un recipiente con agua, que debe cambiarse cada 30 minutos para mantener la temperatura adecuada.
Otra alternativa es el microondas, aunque en este caso hay una condición clave: la carne debe cocinarse inmediatamente después.
Ambos métodos buscan lo mismo: evitar que la carne quede demasiado tiempo en temperaturas donde las bacterias pueden crecer.