16/07/2026
Lavar arroz antes de cocinarlo puede marcar una gran diferencia en la textura final del plato. Aunque muchas personas omiten este paso para ahorrar tiempo, los cocineros recomiendan enjuagarlo con agua fría para retirar parte del almidón superficial y lograr granos más sueltos.
El arroz es uno de los alimentos más consumidos del mundo y también uno de los más fáciles de preparar. Sin embargo, pequeños detalles pueden cambiar por completo el resultado. Uno de ellos es el lavado previo, una técnica simple que ayuda a evitar que los granos se peguen entre sí durante la cocción.
El principal motivo para lavar arroz antes de cocinarlo es eliminar parte del almidón superficial que queda adherido a los granos durante el procesamiento, el envasado y el traslado.
Cuando ese exceso de almidón entra en contacto con el agua caliente, puede generar una textura más pegajosa. Por eso, si se busca un arroz blanco suelto, liviano y con los granos separados, el enjuague previo suele mejorar notablemente el resultado.
La técnica es sencilla: colocar el arroz en un recipiente, cubrirlo con agua fría, moverlo suavemente con la mano y descartar el agua turbia. Este proceso puede repetirse varias veces, hasta que el agua salga más clara.

Lavar el arroz ayuda a conseguir una cocción más pareja y una textura más definida. Al retirar parte del almidón, los granos conservan mejor su forma y tienen menos tendencia a apelmazarse.
El resultado suele ser un arroz más agradable al paladar, ideal para usar como guarnición de carnes, verduras, pollo, pescados, salteados o preparaciones en las que se busca que cada grano quede separado.
Además, el lavado también permite retirar pequeñas impurezas, restos de polvo o partículas que pueden quedar del proceso de envasado. Si bien no reemplaza una buena cocción, sí funciona como un paso previo muy útil para mejorar el plato final.
Para lavar el arroz, lo ideal es usar agua fría. Primero, colocá la cantidad deseada en un bowl o colador fino. Luego, agregá agua y remové suavemente los granos con los dedos, sin frotarlos con demasiada fuerza.
El agua se volverá blanca o turbia por el almidón. Hay que descartarla y repetir el proceso dos o tres veces, o hasta que salga casi transparente. No hace falta obsesionarse con que quede completamente clara, pero sí conviene reducir buena parte de esa turbidez inicial.
Después del lavado, se puede escurrir bien el arroz antes de cocinarlo. Este paso ayuda a controlar mejor la proporción de agua durante la cocción y evita sumar líquido extra sin calcular.

No siempre. Todo depende del tipo de arroz y de la receta que se quiera preparar. Si el objetivo es lograr un arroz blanco suelto, lavar los granos antes de cocinarlos es una buena decisión.
En cambio, en preparaciones donde se busca una textura cremosa, el almidón cumple un papel importante. Es el caso del risotto, el arroz con leche y algunas recetas donde la cremosidad forma parte del resultado esperado. En esos platos, muchos cocineros prefieren no lavar el arroz o hacerlo apenas de manera superficial.
Por eso, la regla práctica es simple: si querés arroz suelto, conviene lavarlo; si buscás una preparación cremosa, probablemente sea mejor conservar parte del almidón.
La variedad elegida también influye mucho en el resultado final. Para lograr un arroz más suelto, los cocineros suelen recomendar arroces de grano largo, como el largo fino o el basmati.
Estas variedades tienen una estructura que favorece una textura más liviana y granos mejor separados. Si además se lavan antes de cocinar, el resultado suele ser más uniforme y menos pegajoso.
En cambio, los arroces de grano corto o medio tienden a liberar más almidón durante la cocción. Por eso se usan en recetas donde se busca una textura más cremosa o compacta.

Además de lavar el arroz, hay otros detalles que ayudan a mejorar la cocción. Uno de los más importantes es respetar la proporción de agua, que puede variar según la variedad elegida y el método de cocción.
También conviene evitar revolver el arroz constantemente mientras se cocina. Ese movimiento puede romper los granos y liberar más almidón, lo que favorece una textura más pegajosa.
Otro consejo útil es cocinar a fuego bajo una vez que el agua rompe hervor y dejar reposar el arroz unos minutos antes de servir. Ese descanso permite que termine de absorber el vapor y quede más parejo.
Lavar arroz antes de cocinarlo es un paso simple, pero puede cambiar el resultado final. Ayuda a retirar almidón superficial, mejora la textura y permite conseguir granos más separados, especialmente cuando se usa arroz de grano largo.
No es una regla obligatoria para todas las recetas, pero sí una técnica muy recomendable cuando se busca preparar arroz blanco como guarnición. Combinado con una buena proporción de agua, poca manipulación durante la cocción y unos minutos de reposo, el lavado previo se convierte en uno de los secretos más efectivos para lograr un arroz suelto, sabroso y con mejor textura.
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