01/06/2026
Desde los primeros modelos con ampolla de vidrio hasta los termos de acero inoxidable que dominan el mercado actual, la historia de este objeto cotidiano refleja más de un siglo de innovación y una profunda conexión con la cultura del mate.
Hoy resulta difícil imaginar una ronda de mate sin un termo al lado. Sin embargo, este objeto tan cotidiano nació muy lejos de las plazas, oficinas y rutas argentinas.
La historia comenzó en 1892, cuando James Dewar desarrolló un recipiente de doble pared con vacío entre ambas capas para conservar sustancias a temperaturas extremas durante investigaciones científicas.
Aquel invento, conocido como frasco de Dewar, sentó las bases de todos los termos modernos.
Aunque el principio técnico ya existía, el gran salto llegó a comienzos del siglo XX.
Los fabricantes alemanes Reinhold Burger y Albert Aschenbrenner adaptaron el diseño para uso doméstico y lanzaron una versión comercial protegida por una carcasa exterior.
Poco después nació la marca Thermos, cuyo nombre proviene de la palabra griega "thérm?", relacionada con el calor.
Desde entonces, el termo comenzó a expandirse por todo el mundo y se convirtió en un objeto habitual para viajeros, trabajadores y familias.

Durante décadas, el termo tradicional dominó el mercado.
Su característica principal era la ampolla interna de vidrio, un material que ofrecía una excelente conservación de la temperatura.
Entre sus ventajas se destacaban:
Sin embargo, también presentaba una limitación evidente: la fragilidad.
Una caída podía romper la ampolla interna y dejar inutilizable el termo.

La siguiente gran transformación llegó gracias a William Stanley Jr..
En 1913 desarrolló una botella térmica que combinaba el aislamiento al vacío con una estructura de acero mucho más resistente.
Ese avance cambió por completo la industria.
El termo ya no solo conservaba temperatura: también podía soportar golpes, traslados y un uso intensivo.
Con el tiempo, el acero inoxidable se convirtió en el material preferido por millones de usuarios en todo el mundo.

En Argentina, la evolución del termo está estrechamente ligada a la historia del mate.
Actualmente, el Museo del Mate conserva miles de piezas relacionadas con esta tradición y permite observar cómo cambiaron los objetos que acompañan al ritual matero a lo largo del tiempo.
La costumbre de compartir mate se mantuvo intacta, pero los accesorios evolucionaron constantemente:
La función sigue siendo la misma: mantener el agua a la temperatura adecuada durante horas.

La elección depende principalmente del uso que cada persona le dará.
Es una opción recomendable para quienes:
Su principal ventaja sigue siendo el rendimiento térmico.
Resulta ideal para quienes:
Además, muchos modelos actuales incorporan:
La historia del termo demuestra cómo un invento científico terminó convirtiéndose en parte de la vida diaria de millones de personas.
Desde el laboratorio de James Dewar hasta las mesas familiares, las oficinas y las plazas argentinas, el termo evolucionó para adaptarse a nuevas necesidades sin perder su función esencial: conservar la temperatura.
Por eso, más allá de los materiales o las tecnologías, sigue siendo uno de los objetos más representativos de la cultura matera. Un compañero silencioso que acompaña charlas, viajes y encuentros desde hace más de cien años.
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