30/01/2026
Comer en la barra ya no es sinónimo de apuro: en Buenos Aires se convirtió en una experiencia gastronómica en sí misma. Desde clásicos porteños hasta sushi de autor y hamburguesas gourmet, la barra ofrece cercanía con la cocina, ambiente relajado y algunos de los platos más tentadores de la gastronomía porteña.
La barra tiene algo que la mesa no siempre ofrece: cercanía con la cocina y ritmo dinámico. Permite ver el detrás de escena de cada plato, hacer preguntas, recibir recomendaciones personalizadas y vivir la experiencia de manera más relajada.
Además, suele ser una opción perfecta para quienes buscan comer bien sin tanta formalidad, probar varias cosas en formato reducido o improvisar una salida sin necesidad de reservar una mesa grande.
En barrios donde abundan los restaurantes en Buenos Aires -como Palermo, Recoleta o Microcentro-, la barra se volvió un espacio clave para foodies que buscan planes ágiles y sabrosos.
Entre las opciones infalibles aparecen los clásicos de la cocina local. Comer en la barra es una gran excusa para pedir un sándwich de peceto completo, con queso gruyer y panceta, o un sándwich de lomo bien contundente.
También se destacan las empanadas, perfectas para un tapeo rápido o para acompañar una copa de vino o una cerveza. Son platos que conectan directo con la identidad de la gastronomía porteña y funcionan muy bien en formato informal.

La cocina asiática encontró en la barra su lugar natural. En propuestas de sushi de autor, los comensales pueden sentarse frente al itamae y ver en tiempo real la preparación de niguiris, sashimis y rolls especiales.
Las barras estilo omakase apuestan a la experiencia guiada, donde el chef decide el recorrido de sabores y cortes. Es una forma de comer más interactiva, ideal para quienes buscan algo distinto en dónde comer en Buenos Aires sin caer en lo convencional.

Las hamburguesas de autor también se lucen en formato barra. Medallones finos y crujientes, con cheddar derretido y combinaciones intensas, convierten este clásico en un plato protagonista.
Lugares especializados en hamburguesas -como propuestas estilo Grasa- hacen de la barra el espacio perfecto para comer rápido, charlar y disfrutar de una receta potente sin demasiados protocolos.

La parrilla no se queda afuera de esta tendencia. Cada vez más espacios suman barras donde se pueden pedir cortes como ojo de bife, provoleta y achuras, con una vista directa a la parrilla o al armado de los platos.
Comer carne en la barra agrega un costado más casual a la experiencia parrillera, ideal para quienes buscan buena carne sin el formato clásico de restaurante formal.

Otro de los grandes hits de la barra es el tapeo. Conservas, quesos, embutidos y platitos pequeños se convierten en el complemento ideal para acompañar cocktails, vermuts o vinos por copa.
Este formato invita a probar varias cosas, compartir platos y armar una comida más flexible, perfecta para encuentros informales o salidas after office en zonas con buena oferta de restaurantes en Buenos Aires.

La cocina fusión también encontró su lugar en la barra. Aparecen opciones como tiraditos, cebiches, causas peruanas o rolls con influencias peruanas, que combinan técnicas y sabores en platos frescos y modernos.
Es una alternativa ideal para quienes buscan algo distinto dentro de la gastronomía porteña, con recetas que mezclan tradición, creatividad y formatos descontracturados.
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