16/09/2026
El pistacho, los porcentajes elevados de cacao y las combinaciones saladas ganan espacio en las chocolaterías. Mientras los precios moderan el consumo, las marcas amplían sus presentaciones y transforman al chocolate en un snack cotidiano, un regalo sofisticado o una experiencia gastronómica.
El chocolate en Argentina atraviesa una transformación impulsada por dos fuerzas diferentes. Por un lado, los aumentos de precios llevan a los consumidores a controlar sus gastos y seleccionar mejor cada compra. Por otro, las marcas buscan sostener el interés mediante productos novedosos, porciones más pequeñas y sabores menos tradicionales.
Las tabletas continúan ocupando un lugar central, pero ahora conviven con barras individuales, bombones, medallones, frutos secos bañados y piezas de autor. También cambiaron las ocasiones de consumo: el chocolate ya no queda reservado exclusivamente para la sobremesa, los cumpleaños o las fechas especiales.
El mercado argentino enfrenta durante 2026 un escenario más exigente que el de otros países de América Latina. El informe de Euromonitor International señala que las ventas en volumen muestran una recuperación moderada, pero todavía permanecen por debajo de los niveles de 2023 debido a los fuertes incrementos de precios y las presiones inflacionarias. Este contexto favorece una búsqueda más cuidadosa de promociones, tamaños accesibles y productos que justifiquen el gasto. Además, una parte del público reemplaza las compras impulsivas de chocolate por galletitas, snacks salados u otras alternativas de menor precio. Frente a esta situación, las empresas intentan diferenciarse mediante lanzamientos capaces de combinar accesibilidad, presentación y una percepción de mayor calidad.
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El pistacho se convirtió en uno de los principales protagonistas de la chocolatería contemporánea. Su crecimiento fue impulsado por el llamado chocolate Dubai, una tableta rellena con crema de pistacho y masa kadaif crocante que alcanzó difusión internacional a través de las redes sociales. El fenómeno no quedó limitado a una receta: rápidamente se trasladó a helados, tortas, alfajores, bombones y productos de pastelería. En Argentina, tanto las grandes compañías como los emprendimientos artesanales incorporaron versiones inspiradas en esta combinación. El interés también se extiende hacia chocolates con avellanas, almendras, caramelo y sal marina, ingredientes que aportan diferentes texturas y contrastes. La continuidad de estos lanzamientos demuestra que el pistacho dejó de funcionar únicamente como una novedad viral y pasó a integrarse de manera estable en la oferta local.

Otra tendencia consiste en la búsqueda de chocolates semiamargos y amargos con porcentajes de cacao del 60% o 70%. Estas variedades ofrecen mayor intensidad y permiten que el consumidor identifique con claridad cuánto cacao contiene cada producto. Al mismo tiempo, las chocolaterías exploran ingredientes salados, ácidos, tostados o especiados para ampliar los límites tradicionales de la categoría. El caramelo con sal, la frambuesa, el café, el miso y diferentes frutos secos aparecen en bombones, tabletas y postres. Un ejemplo es el bombón de chocolate semiamargo y miso presentado por Zarautz, que combina el perfil profundo y salino del condimento japonés con la intensidad del cacao. En Lo del Francés, el cruce con el café se expresa mediante una torta húmeda con crema de espresso y una marquise preparada con chocolate al 70%.

Los formatos acompañan los nuevos momentos de consumo. Una barra o una tableta pequeña puede funcionar como snack durante el día, mientras que los bombones y estuches conservan su lugar como productos para regalar o compartir. En este contexto, Águila presentó durante 2026 su plataforma Chocolatier, integrada por más de 20 productos entre bombones, mini tabletas, medallones, chocolate en rama, frutos secos bañados y tabletas. La propuesta combina chocolate con leche, blanco y semiamargo con pistacho, avellanas, frambuesa y dulce de leche, además de opciones con mayor porcentaje de cacao. La nueva línea tendrá una distribución selectiva en aproximadamente 2.000 puntos de venta del país, según la información difundida durante su presentación comercial.

La transformación alcanza su expresión más marcada en las chocolaterías de autor, donde también importan el origen de los ingredientes, la técnica, el diseño y la presentación. Moala, una marca creada en Ushuaia durante la pandemia, inauguró el 13 de septiembre su primer local porteño en El Salvador 4723, Palermo Soho. El espacio cuenta con 120 metros cuadrados, producción a la vista y una oferta de alrededor de 75 productos, de acuerdo con los datos publicados antes de su apertura en Buenos Aires. Su propuesta combina chocolate, arquitectura, ilustración e identidad regional. Este tipo de establecimiento refleja un cambio más amplio: el cacao puede aparecer como un gusto accesible de todos los días, pero también como el centro de una experiencia comparable con las construidas alrededor del café de especialidad, el vino o la coctelería.
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