28/07/2026
Guardar queso en film parece una solución práctica después de abrir una pieza, pero no siempre es la mejor forma de conservarlo. Aunque el plástico ayuda a evitar que se seque, cuando queda pegado directamente sobre la superficie puede atrapar humedad, alterar la textura y modificar el sabor.
El queso es un alimento que continúa evolucionando después de su elaboración. Por eso, necesita un equilibrio entre protección, humedad y cierta circulación de aire. Si se lo envuelve de manera demasiado hermética, especialmente durante varios días, puede volverse baboso, desarrollar moho más rápido o tomar un gusto poco agradable.
El principal problema del film es que queda adherido a la superficie del queso. Esto impide que la pieza respire correctamente y puede favorecer la acumulación de humedad.
Cuando esa humedad queda atrapada, la textura puede cambiar. Algunos quesos se vuelven pegajosos, otros se ablandan demasiado y también puede aparecer moho antes de lo esperado.
Además, especialistas queseros advierten que el plástico puede transmitir olores o sabores indeseados. Por eso, aunque el film pueda servir para una conservación muy breve, no es la opción más recomendable para guardar una pieza abierta durante varios días.

La recomendación más repetida entre queseros es evitar que el plástico toque directamente el queso. En su lugar, conviene envolver primero la pieza con un material más adecuado, como papel para queso, papel manteca, papel encerado o papel de horno.
La American Cheese Society aconseja envolver el queso en papel y luego sumar una capa exterior de plástico para crear un microambiente de conservación. La clave está en que el film no quede pegado directamente al producto, sino que funcione como una protección externa.
De esta manera, el queso queda protegido del aire frío de la heladera, pero sin quedar completamente asfixiado por el plástico.
Una forma práctica de conservar el queso en casa es envolverlo primero en papel de horno, papel manteca o papel especial para quesos. Luego, se puede colocar dentro de un recipiente con tapa apoyada, una bolsa apenas abierta o un contenedor que no cierre de manera completamente hermética.
Este método ayuda a controlar mejor la humedad. El papel absorbe parte del exceso y evita el contacto directo con el plástico, mientras que el recipiente lo protege de olores y del aire seco de la heladera.
Si se trata de quesos semiduros o duros, como pategrás, gouda, reggianito, sardo o parmesano, este sistema suele funcionar mejor que el film directo. En quesos muy blandos, untables o frescos, en cambio, conviene respetar el envase original y mantenerlos bien refrigerados.
El lugar de la heladera también influye en la conservación. Lo ideal es guardar el queso en una zona de temperatura estable, como el cajón de verduras o los estantes inferiores.
La puerta no es la mejor opción, porque se abre y se cierra muchas veces al día. Eso genera cambios de temperatura que pueden afectar la textura y acelerar el deterioro.
También conviene mantenerlo lejos de alimentos con olores fuertes, como cebolla, ajo, fiambres o comidas ya cocidas. El queso puede absorber aromas del entorno, especialmente si no está bien protegido.
Para conservar mejor una pieza de queso abierta, se puede seguir este método:
Este procedimiento permite que el queso conserve mejor su humedad natural sin quedar encerrado por completo.
Otro consejo útil es sacar el queso de la heladera unos 20 minutos antes de consumirlo. Cuando está demasiado frío, su aroma y sabor se perciben menos.
Al acercarse a la temperatura ambiente, la grasa del queso se vuelve más amable al paladar y la textura mejora. Esto se nota especialmente en quesos semiduros, duros y estacionados.
No hace falta dejarlo horas afuera. Con unos minutos alcanza para que recupere parte de su perfume y resulte más sabroso.
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