20/04/2026
En muchos restaurantes en Buenos Aires todavía se espera que el plato quede vacío. Pero cada vez más personas frenan antes. ¿Mala educación o señal de algo más? Desde la psicología, esta conducta revela cómo nos vinculamos con la comida, el hambre y las emociones.
Una costumbre que empieza a cambiar
Durante años, en la gastronomía porteña -y en muchos hogares- terminar todo lo que hay en el plato fue casi una regla. Una mezcla de educación, costumbre y respeto por la comida. Sin embargo, ese hábito hoy convive con otra mirada.
Cada vez más personas eligen no terminar lo servido. Y lejos de ser un simple capricho o falta de interés, esta decisión puede tener explicaciones más profundas, vinculadas a cómo cada uno se relaciona con la comida.
Escuchar el cuerpo: la diferencia clave
Uno de los puntos más importantes que marcan los especialistas es la diferencia entre comer hasta llenarse y comer hasta sentirse satisfecho.
No es lo mismo. Hay quienes dejan de comer cuando perciben que el hambre desapareció, aunque todavía quede comida en el plato. En ese sentido, no terminar una porción puede ser una señal de conexión con el propio cuerpo.
En una ciudad donde sobran opciones sobre dónde comer en Palermo, Recoleta o cualquier barrio, esta forma de alimentarse empieza a verse cada vez más, incluso en restaurantes en Buenos Aires donde las porciones suelen ser abundantes.

Cuando la mente también juega
Comer no es solo una necesidad física. También es una experiencia mental y emocional. Y ahí aparecen otros factores que explican por qué alguien puede dejar comida.
La ansiedad, por ejemplo, puede hacer que una persona coma rápido y pierda registro de cuánto necesita realmente. En esos casos, el freno llega tarde o de manera desordenada.
También puede pasar lo contrario: que alguien deje comida como una forma de tomar control en determinadas situaciones. No es sobre el plato, sino sobre lo que representa.

Hábitos que vienen de antes
La relación con la comida no empieza en la adultez. Muchas conductas actuales tienen raíces en experiencias pasadas.
Personas que crecieron con reglas estrictas -como la obligación de terminar todo- pueden desarrollar, con el tiempo, hábitos opuestos. Dejar comida puede ser, en ese contexto, una forma inconsciente de autonomía.
En la gastronomía porteña, donde conviven tradiciones familiares y nuevas tendencias, estas diferencias se notan cada vez más.
No siempre es profundo: a veces es simple
No todo tiene una explicación emocional compleja. En algunos casos, dejar comida es tan sencillo como servirse más de lo que realmente se quiere comer.
También hay preferencias personales. Hay quienes, por costumbre, no ajustan las porciones y luego comen hasta donde se sienten cómodos.
Y eso, lejos de ser un problema, forma parte de una manera válida de vincularse con la alimentación.

¿Mala educación? Un mito que pierde fuerza
Durante mucho tiempo, dejar comida en el plato fue visto como un gesto negativo. Pero esa idea empieza a perder peso.
Hoy, desde una mirada más actual, se entiende que cada persona tiene su propio ritmo, sus señales internas y su forma de experimentar la comida.
En muchos restaurantes en Buenos Aires, incluso, esta conducta ya no genera la misma reacción. La experiencia gastronómica se vuelve más flexible y menos rígida.
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