06/10/2026
El espresso, el cortado y el café con leche continúan vigentes, pero ahora conviven con cold brew, filtrados, bebidas frutales y recetas de autor. También crece el interés por conocer el origen de los granos y probar la taza antes de agregarle azúcar.
El consumo de café en Argentina atraviesa una transformación que no implica abandonar las costumbres tradicionales. La taza rápida de la mañana y el encuentro en el bar siguen presentes, aunque ahora comparten espacio con una oferta más amplia de métodos, temperaturas y perfiles de sabor.
El cambio puede observarse tanto en las cafeterías como en los hogares. Los consumidores empiezan a preguntar por el origen del grano, el tipo de tueste y la preparación, mientras que bebidas como el cold brew, el espresso tonic y los cafés combinados con frutas o especias amplían los momentos en los que se puede disfrutar una taza.
El cold brew se convirtió en una de las expresiones más visibles de esta renovación porque permite seguir tomando café durante los meses cálidos sin recurrir necesariamente a una preparación cargada de crema, helado o jarabes. A diferencia del café caliente enfriado con hielo, se prepara dejando el café molido en contacto con agua fría o a temperatura ambiente durante varias horas. La Specialty Coffee Association señala que la extracción suele extenderse entre cuatro y 24 horas. El resultado no tiene un sabor único: cambia según el grano, el tueste, la molienda, la proporción de agua y el tiempo. Sin embargo, diferentes estudios sensoriales encontraron que ciertas preparaciones frías pueden percibirse menos amargas y ácidas y presentar notas más florales que sus equivalentes extraídos con agua caliente.
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La ampliación de la carta también acercó el café a la lógica de la coctelería. El espresso tonic combina café concentrado, hielo y agua tónica, mientras que otras recetas incorporan cítricos, frutos rojos, menta, canela, vainilla, caramelo o almíbares preparados en la propia cafetería. Algunas propuestas utilizan tahini, miel, coco o diferentes bebidas vegetales para sumar textura y modificar el perfil aromático. La búsqueda no consiste únicamente en agregar ingredientes llamativos: una combinación equilibrada debe permitir que el café continúe siendo reconocible. Los granos con notas frutales o cítricas pueden funcionar con tónica y frutas, mientras que los perfiles vinculados con chocolate, caramelo o frutos secos suelen combinarse con leche, especias y preparaciones más cremosas.

Durante muchos años, el azúcar funcionó como un acompañamiento casi automático del café, especialmente frente a tazas con un amargor marcado. La difusión de granos tostados sin azúcar agregada, tuestes menos intensos y extracciones mejor controladas permitió que parte del público empezara a probar la bebida antes de endulzarla. Esto no significa que exista una manera correcta de tomar café ni que todos deban consumirlo sin azúcar. La diferencia está en que una taza equilibrada puede presentar una percepción natural de dulzor y notas asociadas con chocolate, caramelo, frutas o flores. Agregar grandes cantidades de azúcar desde el comienzo puede volver más difícil reconocer esos matices. Una alternativa consiste en probar primero un sorbo y después decidir cuánto endulzante necesita la preparación según el gusto personal.
País, región, altura, variedad, procesamiento y tueste aparecen cada vez con mayor frecuencia en las cartas y en los paquetes de café. Esos datos ayudan a anticipar algunas características, aunque no garantizan por sí solos que una taza resulte mejor. También se amplió el interés por métodos como V60, Chemex, AeroPress y prensa francesa. Los sistemas filtrados suelen ofrecer una bebida menos concentrada que el espresso y pueden facilitar la identificación de aromas y sabores particulares, mientras que la prensa francesa produce una sensación diferente debido al contacto prolongado con el café y a la ausencia de un filtro de papel. La elección depende de si se busca intensidad, cuerpo, limpieza o una preparación rápida. El crecimiento del café de especialidad volvió más accesible este vocabulario, pero la experiencia no debería depender de conocer términos técnicos para disfrutarla.

La exploración también llegó a las cocinas mediante molinos, balanzas, cafeteras manuales y pequeños espacios dedicados a la preparación. Moler los granos antes de utilizarlos, controlar la cantidad de café y agua o comparar distintos tiempos permite repetir resultados y conocer mejor cada producto. De todos modos, no hace falta comprar una gran cantidad de equipos para comenzar: una cafetera sencilla, café fresco, agua adecuada y proporciones constantes pueden producir una diferencia apreciable. El fenómeno muestra que los consumidores ya no buscan solamente una dosis de cafeína. También valoran la posibilidad de personalizar la bebida, dedicarle tiempo al proceso y elegir una taza acorde con cada momento, desde un filtrado tranquilo durante la mañana hasta un cold brew o un espresso tonic por la tarde.
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