14/09/2026
Las hojas frescas liberan humedad al entrar en contacto con el calor y pueden ayudar a contener pequeñas llamaradas provocadas por la grasa. Cuándo conviene incorporarlas, cómo utilizarlas correctamente y qué precauciones deben tomarse para no alterar la cocción de la carne.
El asado argentino está rodeado de técnicas y secretos que suelen transmitirse entre generaciones. Algunos permiten calcular la temperatura, distribuir mejor las brasas o evitar que los cortes se cocinen de manera desigual. Entre esos recursos aparece uno menos conocido: colocar hojas de parra sobre las brasas.
Este método aprovecha la humedad natural de las hojas para actuar momentáneamente sobre el fuego. Puede resultar útil cuando la grasa que cae desde la parrilla produce pequeñas llamas, aunque debe emplearse con moderación y nunca como reemplazo de una correcta distribución de las brasas.
Las hojas de parra frescas contienen agua, por lo que al recibir el calor intenso de las brasas liberan vapor antes de secarse y quemarse. Ese proceso puede reducir temporalmente la intensidad de una llamarada pequeña y formar una barrera breve entre las brasas y la grasa que continúa cayendo desde la carne. A diferencia de arrojar agua directamente sobre el fuego, una práctica que puede levantar ceniza y provocar cambios bruscos de temperatura, las hojas permiten intervenir sobre un punto específico. El efecto, sin embargo, dura poco tiempo: una vez consumida su humedad, comienzan a carbonizarse y dejan de cumplir esa función.

El mejor momento para colocar las hojas es cuando aparecen pequeñas llamaradas debajo de cortes con mucha grasa, como el vacío, la entraña, el asado de tira o algunos embutidos. Deben apoyarse únicamente en el sector afectado y no distribuirse por toda la parrilla. También pueden incorporarse antes de acomodar la carne si se detecta una zona con calor excesivo, aunque en ese caso lo más efectivo suele ser mover o redistribuir las brasas. El objetivo no es apagar completamente el fuego ni enfriar la parrilla, sino controlar durante unos instantes una combustión localizada que podría quemar el exterior de los alimentos.
Para aplicar el método deben utilizarse hojas frescas, limpias y libres de pesticidas, pinturas, conservantes u otros productos químicos. Se colocan directamente sobre las brasas encendidas, nunca sobre los hierros ni encima de la carne. Una o dos hojas pueden ser suficientes para actuar sobre una llamarada pequeña; cubrir una superficie demasiado amplia reduciría el calor necesario para mantener la cocción. Además, conviene trabajar con una pinza larga, mantener las manos alejadas del fuego y observar cómo responde la brasa. Cuando las hojas se sequen y terminen de quemarse, sus restos podrán retirarse si generan demasiada ceniza.

Además de contener llamaradas puntuales, las hojas producen una pequeña cantidad de humo mientras pierden humedad. Ese humo puede sumar un aroma vegetal sutil alrededor de la parrilla, aunque su influencia sobre el sabor de la carne será limitada si se utilizan pocas hojas y durante un período corto. El recurso también puede suavizar momentáneamente un sector demasiado intenso y favorecer una cocción menos agresiva en la superficie del alimento. No obstante, emplear demasiadas hojas puede generar humo excesivo, ceniza o sabores amargos. Por ese motivo, deben considerarse una herramienta ocasional y no un ingrediente destinado a permanecer sobre las brasas durante todo el asado.
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Este truco solamente sirve frente a llamas pequeñas originadas por el goteo de grasa. Si el fuego crece, se extiende o resulta difícil de controlar, hay que retirar los alimentos de la zona y actuar con los elementos de seguridad adecuados. Tampoco deben utilizarse hojas secas, porque se encenderán rápidamente y podrían aumentar la llama en lugar de reducirla. La mejor prevención continúa siendo formar una cama pareja de brasas, reservar un sector con menor temperatura y evitar que los cortes más grasos queden directamente sobre la parte más intensa. Las hojas de parra pueden resolver una situación puntual, pero el verdadero control del asado depende del manejo del calor y de la atención permanente del parrillero.
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