10/09/2026
Un relevamiento atribuido a APYCE ubicó a la carne suave como la variedad más elegida, seguida por jamón y queso, pollo y carne cortada a cuchillo. Las recetas regionales, los nuevos rellenos y su practicidad explican por qué este clásico mantiene su popularidad dentro y fuera del país.
Las empanadas argentinas forman parte de reuniones familiares, celebraciones, almuerzos y comidas improvisadas. Pueden cocinarse al horno o fritas, servirse como entrada o plato principal y adaptarse a una variedad casi interminable de rellenos.
Cada 8 de abril se celebra el Día Internacional de la Empanada, una fecha que permite observar cómo las preferencias nacionales conviven con recetas provinciales muy diferentes. Aunque algunos sabores dominan las ventas, cada región conserva ingredientes, técnicas y formas de cocción propias.
Según un relevamiento difundido por la Asociación de Pizzerías y Casas de Empanadas de la República Argentina, la empanada de carne suave encabeza las preferencias con el 20%, mientras que jamón y queso queda apenas detrás con el 19%. La variedad de pollo ocupa el tercer puesto con el 11% y la carne cortada a cuchillo alcanza el 10%. Luego aparecen humita, verduras, roquefort con jamón, carne picante y caprese. Entre las alternativas menos elegidas se encuentran cebolla, calabaza y el relleno inspirado en la hamburguesa con queso, cada uno con alrededor del 4%. Los porcentajes corresponden a una medición determinada y pueden variar según la región, el comercio y los hábitos de consumo.
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La carne suave conserva el primer lugar porque representa una versión reconocible y accesible del relleno tradicional. Generalmente se prepara con carne picada, cebolla, huevo, aceitunas y condimentos moderados, por lo que puede adaptarse a públicos muy diferentes. Jamón y queso, en cambio, se destaca por su sabor sencillo, la textura cremosa del queso fundido y su aceptación entre chicos y adultos. Ambas variedades también resultan fáciles de producir en grandes cantidades y pueden cocinarse tanto al horno como fritas. El pollo y la carne cortada a cuchillo completan los primeros puestos al ofrecer dos perfiles distintos: uno más liviano y otro asociado con una preparación artesanal y una textura más marcada.

Las empanadas regionales no responden a una receta única. La tucumana suele elaborarse con carne cortada a cuchillo, cebolla, huevo y verdeo, envueltos en una masa fina que tradicionalmente se cocina en horno de barro. La salteña se reconoce por su tamaño pequeño y un relleno jugoso que puede incluir carne, papa, cebolla y ají. En Santiago del Estero aparecen preparaciones con carne picada, cebolla, huevo y especias, mientras que otras provincias incorporan pasas, aceitunas, pimentón, comino o diferentes cortes. Estas variaciones generan discusiones sobre cuál es la receta auténtica, pero también explican por qué la empanada funciona como una expresión de identidad y pertenencia en distintos puntos del país.

La APYCE estima que en la Argentina se consumen aproximadamente 10 millones de empanadas por día, cifra calculada a partir de la venta industrial de tapas. El número sería todavía mayor si se sumaran con precisión las masas preparadas en los hogares y la producción artesanal. Otro estudio citado por la entidad señala que cada habitante utiliza alrededor de 50 tapas por año. Estos valores deben interpretarse como estimaciones sectoriales y no como un registro de cada unidad vendida, pero permiten dimensionar la presencia del producto. Su éxito se relaciona con la facilidad para transportarlo, la posibilidad de compartir varias unidades y la variedad de precios, tamaños y rellenos disponibles.

La expansión de restaurantes y emprendimientos argentinos llevó las empanadas a ciudades de Europa, Estados Unidos, Brasil y otros mercados. Su formato individual facilita la venta, el traslado y la incorporación de rellenos adaptados a los gustos locales sin perder la identidad del producto. En 2026, TasteAtlas ubicó a la empanada tucumana en el primer puesto de su clasificación de masas saladas, con una valoración promedio de 4,43 sobre 5. Su origen también ayuda a explicar esa capacidad de adaptación: el concepto llegó a América mediante la tradición española y se transformó con ingredientes y técnicas regionales. El resultado es una comida práctica que funciona como símbolo de la gastronomía argentina y, al mismo tiempo, continúa incorporando sabores nuevos.
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