11/08/2026
Elegir una tabla para cortar carne no es un detalle menor en la cocina. El material influye en la higiene, el cuidado del filo de los cuchillos, la durabilidad y la facilidad de limpieza. Por eso, antes de usar la primera tabla que aparece en la mesada, conviene saber qué ventajas y desventajas tienen las opciones más comunes: plástico, madera y metal.
Para carne cruda, la alternativa más práctica suele ser una tabla de plástico exclusiva para ese uso, porque es liviana, fácil de lavar y, en muchos casos, apta para lavavajillas. La madera, en cambio, es muy valorada por su firmeza y porque cuida mejor los cuchillos, aunque exige más mantenimiento. El metal, aunque resistente e higiénico, no suele ser la mejor opción para cortar porque desgasta el filo y resulta incómodo.
Las tablas de plástico son una de las opciones más usadas para cortar carne cruda. Son livianas, económicas, fáciles de conseguir y simples de higienizar. Además, muchas pueden ir al lavavajillas, lo que facilita la limpieza después de manipular carne, pollo o pescado.
El USDA señala que las tablas no porosas de acrílico, plástico o vidrio, al igual que las de madera sólida, pueden lavarse en lavavajillas, aunque advierte que las tablas laminadas pueden agrietarse o partirse. También recomienda usar una tabla para carne, aves y mariscos crudos, y otra distinta para pan y frutas o verduras frescas.
La desventaja del plástico aparece con el uso. Cuando la superficie se llena de cortes profundos, esas ranuras pueden retener restos de alimentos y volverse difíciles de limpiar. En ese caso, lo más seguro es reemplazarla.

Las tablas de madera siguen siendo las favoritas de muchos cocineros porque ofrecen una superficie firme, cómoda y más amable con el filo de los cuchillos. Maderas duras como arce, haya o bambú pueden durar muchos años si reciben el cuidado adecuado.
La madera funciona muy bien para cortar vegetales, pan, quesos, alimentos cocidos y también puede usarse con carne si se limpia y se mantiene correctamente. Sin embargo, requiere más atención que el plástico.
Después de usarla, hay que lavarla con agua caliente y jabón, secarla muy bien y evitar dejarla en remojo. También conviene aceitarla periódicamente con aceite apto para tablas, para evitar que se reseque, se agriete o absorba demasiada humedad.

Las tablas de metal no son las más recomendables para cortar carne en la cocina diaria. Aunque son muy resistentes, no absorben líquidos y se limpian con facilidad, tienen una desventaja importante: son duras y pueden desgastar rápidamente el filo de los cuchillos.
Además, resultan menos cómodas para trabajar. El cuchillo rebota más, el corte se siente menos estable y el ruido puede ser molesto. Por eso, el metal suele usarse más como superficie de apoyo, bandeja o mesada de trabajo, pero no como tabla principal de corte.
Si se busca una tabla para cocinar todos los días, plástico o madera suelen ser mejores alternativas.

Para cortar carne cruda, pollo o pescado, una tabla de plástico exclusiva es una opción muy práctica. Permite lavar con facilidad, separar usos y reducir el riesgo de contaminación cruzada.
Para verduras, pan, frutas, quesos o alimentos ya cocidos, una tabla de madera puede ser una gran elección. Es firme, duradera y ayuda a cuidar mejor los cuchillos.
Para tareas puntuales de apoyo, el metal puede servir, pero no conviene usarlo como superficie habitual de corte si se quiere conservar el filo de los cuchillos.
La contaminación cruzada ocurre cuando bacterias de alimentos crudos pasan a otros alimentos, superficies o utensilios. Esto puede pasar si se corta carne cruda y después, en la misma tabla sin lavar, se cortan verduras, pan o alimentos listos para comer.
La FDA recomienda lavar tablas, platos, utensilios, cuchillos y mesadas con agua caliente y jabón después de que entren en contacto con carne, aves o mariscos crudos. También aconseja usar, si es posible, una tabla para carnes crudas y otra para frutas y verduras frescas.
Una forma simple de organizarse es tener una tabla identificada para carnes y otra para vegetales o alimentos cocidos. Si son de distintos colores, todavía mejor.
No importa si la tabla es de plástico o de madera: si está muy gastada, con cortes profundos, grietas, manchas persistentes o zonas difíciles de limpiar, conviene reemplazarla.
El USDA advierte que todas las tablas se desgastan con el tiempo y que deben cambiarse cuando presentan ranuras difíciles de lavar.
En el caso del plástico, las marcas de cuchillo suelen acumularse con más facilidad. En la madera, las grietas o separaciones pueden retener humedad y restos de alimentos. En ambos casos, el problema no es solo estético, sino de higiene.
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Después de cortar carne cruda, hay que lavar la tabla con agua caliente y detergente. También se deben lavar el cuchillo, la mesada y cualquier utensilio que haya tocado la carne.
Para una limpieza más profunda, el USDA indica que tanto las tablas de madera como las de plástico pueden sanitizarse con una solución de una cucharada de lavandina líquida sin perfume por cada galón de agua, equivalente a unos 3,8 litros. Luego se debe enjuagar y dejar secar.
En casa, además, es importante secar bien la tabla antes de guardarla. La humedad acumulada puede favorecer malos olores, manchas o deterioro del material.
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