27/03/2026
En la rutina de cualquier foodie porteño, el horario de la cena muchas veces se estira. Pero un estudio de la Universidad de Harvard sugiere que comer más tarde podría tener efectos en el organismo. La investigación analizó cómo cambian el hambre, el gasto energético y el almacenamiento de grasa.
El horario de las comidas también importa
En ciudades como Buenos Aires, donde la vida social suele extenderse hasta la noche y es común cenar tarde después de recorrer restaurantes en Buenos Aires, el horario de las comidas muchas veces pasa desapercibido.
Sin embargo, un estudio realizado por científicos de la Universidad de Harvard puso el foco justamente en ese detalle.
Según los resultados de la investigación, comer más tarde podría favorecer el aumento de peso, ya que influye en procesos relacionados con el hambre, el gasto de energía y la forma en que el cuerpo almacena grasa.
Aunque todavía se necesitan más estudios para confirmar el alcance de estos efectos, el trabajo abre un debate interesante sobre cómo influyen nuestros hábitos diarios en el organismo.
Cómo se realizó el estudio
Para analizar el impacto del horario de las comidas, los investigadores trabajaron con 16 personas con sobrepeso u obesidad.
Durante el estudio, los participantes siguieron dos esquemas de alimentación distintos.
En uno de ellos, las comidas se realizaban en horarios más tempranos.
En el otro, exactamente las mismas comidas se consumían cuatro horas más tarde.
Este diseño permitió observar qué cambios ocurrían en el organismo cuando la alimentación se retrasaba.
Los científicos controlaron además varios factores externos, como la actividad física, el sueño, la exposición a la luz y la postura corporal, con el objetivo de aislar el efecto del horario de las comidas.

Más hambre durante el día
Uno de los resultados más llamativos del estudio estuvo relacionado con el apetito.
Cuando los participantes comieron más tarde, los investigadores detectaron una mayor sensación de hambre a lo largo del día.
Esto sugiere que el horario de las comidas podría influir en cómo el cuerpo regula el apetito.
En otras palabras, comer tarde podría hacer que una persona tenga más tendencia a sentir hambre posteriormente.
Cambios en las hormonas del apetito
Otro de los aspectos analizados fueron las hormonas que regulan el hambre.
Los científicos observaron modificaciones en dos de las más importantes: leptina y grelina.
La leptina es la hormona que transmite al cerebro la sensación de saciedad.
En el esquema de comidas tardías, los investigadores registraron niveles más bajos de leptina durante 24 horas, lo que podría influir en la percepción del hambre.
Estos cambios hormonales podrían explicar parte de las diferencias observadas en el apetito.

Menor gasto de energía
El estudio también encontró diferencias en la forma en que el cuerpo utiliza las calorías.
Cuando los participantes comieron más tarde, el organismo quemó energía a un ritmo más lento después de las comidas.
Los investigadores relacionaron este fenómeno con un balance energético menos favorable, lo que podría contribuir al aumento de peso.
Este aspecto resulta especialmente interesante si se tiene en cuenta que muchas personas cenan tarde después de una jornada laboral o luego de salir a disfrutar de la gastronomía porteña.

Mayor predisposición a almacenar grasa
Los análisis también incluyeron estudios a nivel molecular.
En el tejido adiposo de los participantes se observaron cambios en la expresión genética asociados a procesos que favorecen la formación y acumulación de grasa.
Este fenómeno se conoce como adipogénesis, y está relacionado con la forma en que el cuerpo genera nuevas células de grasa.
Al mismo tiempo, los investigadores detectaron una disminución en la lipólisis, el proceso mediante el cual el organismo descompone la grasa almacenada para usarla como energía.
Qué significa todo esto para nuestros hábitos
Los resultados sugieren que el horario en el que se consumen los alimentos podría tener efectos en distintos procesos del organismo.
Esto incluye factores como:
Para quienes disfrutan de salir a cenar o descubrir dónde comer en Palermo, San Telmo o cualquier barrio porteño, estos datos invitan al menos a reflexionar sobre los hábitos alimentarios.
No significa dejar de disfrutar de una buena comida, pero sí entender que el momento del día en que se come podría tener cierta influencia.
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