26/03/2026
Picar cebolla y terminar con los ojos llenos de lágrimas es casi una tradición en la cocina. Pero la ciencia encontró un detalle inesperado: el culpable no sería la cebolla en sí, sino el cuchillo que usamos para cortarla. Un estudio explica cómo ocurre este fenómeno.
La cebolla: un ingrediente básico en la cocina
La cebolla es uno de los ingredientes más presentes en la cocina cotidiana.
Su sabor intenso y su versatilidad la convierten en un elemento fundamental en innumerables recetas. Desde salsas y guisos hasta salteados y ensaladas, este vegetal aparece constantemente en platos de la gastronomía porteña.
Muchos cocineros la consideran un punto de partida para dar sabor a diferentes preparaciones.
Sin embargo, cortar cebolla suele venir acompañado de una escena conocida: los ojos que empiezan a lagrimear.
Durante mucho tiempo se creyó que esto ocurría simplemente por la cebolla misma. Pero una investigación reciente sugiere que hay otro factor clave.
Un estudio que cambia la explicación clásica
Un grupo de investigadores de la Universidad de Cornell analizó por qué lloramos al cortar cebolla.
El trabajo fue dirigido por el físico Sunghwan Jung y se publicó en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences.
Según el estudio, el nivel de irritación que sentimos en los ojos puede variar dependiendo del cuchillo que utilicemos.
En otras palabras, la herramienta con la que cortamos la cebolla influye directamente en cuánto nos hace llorar.
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El mecanismo de defensa de la cebolla
La reacción que provoca lágrimas no ocurre por casualidad.
La cebolla desarrolló un sistema de defensa natural.
En su interior contiene distintos compuestos de azufre que permanecen separados mientras el vegetal está intacto.
Cuando la cebolla se corta, estas sustancias se mezclan y forman un gas irritante conocido como sin-propanotial-S-óxido.
Ese gas es el responsable de la sensación que provoca ardor en los ojos y genera el lagrimeo.
Este proceso químico ya era conocido por los científicos. Lo novedoso del estudio fue analizar cómo influye el tipo de corte en la liberación de esas sustancias.

El cuchillo puede marcar la diferencia
La investigación demostró que el tipo de cuchillo tiene un papel importante en la cantidad de partículas irritantes que se liberan.
Cuando la cebolla se corta, su estructura celular se rompe y libera pequeñas gotas cargadas con compuestos de azufre.
Los investigadores describieron este proceso como una especie de "explosión microscópica".
Estas microgotas se dispersan en el aire y terminan llegando a los ojos, donde provocan la irritación.
Qué pasa cuando el cuchillo no está afilado
Uno de los hallazgos más interesantes del estudio tiene que ver con el filo del cuchillo.
Un cuchillo sin filo no corta inmediatamente la cebolla.
En lugar de eso, presiona la superficie y la comprime antes de romperla.
La piel del vegetal actúa como una especie de membrana que acumula energía mientras recibe presión.
Cuando finalmente se rompe, esa energía se libera de forma brusca.
Esto provoca que las microgotas salgan despedidas con más fuerza, como un aerosol.

Las partículas que llegan a los ojos
El estudio reveló que esas microgotas pueden alcanzar velocidades de hasta 40 metros por segundo.
Por eso llegan a los ojos casi de inmediato.
Cuanto mayor es la presión acumulada durante el corte, más intensa es la dispersión de estas partículas irritantes.
Los investigadores observaron que un cuchillo con punta redonda y sin dientes puede generar hasta cuarenta veces más emisión de gotas que uno bien afilado.
Por qué un cuchillo afilado ayuda
Cuando el cuchillo tiene buen filo, atraviesa la cebolla con mucha menos resistencia.
El corte se produce de manera más limpia y con menor presión interna.
Esto significa que se liberan menos microgotas y, por lo tanto, disminuye la irritación que llega a los ojos.
Aunque no elimina por completo el efecto, sí reduce notablemente el lagrimeo.
La técnica de corte también influye
No solo importa el cuchillo.
La forma en que se corta la cebolla también puede cambiar el resultado.
El estudio explica que los movimientos rápidos aumentan la fragmentación del líquido que sale del vegetal.
Esto genera más partículas en el aire.
En cambio, un corte lento y controlado reduce la dispersión de esas microgotas.
La combinación de un cuchillo bien afilado y una técnica precisa ayuda a minimizar la irritación
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